ridículo

Ahora que he sobrevivido a mi primer karaoke, puedo decir, que hacer el ridículo y que no te importe es como vencer al monstruo de la última pantalla. Por una parte te sobreviene la sensación de contrariedad: “dios! qué he hecho!? el mundo ya no tiene sentido!!!” y por otra, la mejor parte, una increible liberación.